Mercato e legislatore sembrano oggi osservare due orizzonti differenti;il primo guarda ai prossimi mesi,il secondo sta ridisegnando il prossimo decennio.
Il prezzo delle quote Eua continua indisturbato la propria traiettoria rialzista, sospinto dalle consuete dinamiche di breve periodo;prezzi del gas naturale, domanda elettrica estiva, disponibilità del parco nucleare francese e tensioni geopolitiche.
Nel mentre, l’Europa ha presentato la più importante riforma del mercato della CO₂ degli ultimi anni.
La proposta di revisione del sistema Ets della Commissione Europea non produce in verità effetti immediati.
Il lungo iter legislativo dovrà passare al vaglio del Parlamento e del Consiglio europeo, i quali potranno emendarne anche significativamente i contenuti.
La sua approvazione definitiva appare verosimilmente destinata al 2027, mentre gran parte degli effetti concreti si manifesterà soltanto dopo il 2030.
Quote gratuite prorogate sino al 2038, riduzione del tetto emissivo meno aggressiva, maggiori risorse economiche per la decarbonizzazione industriale,reintroducendo la centralità della competitività industriale europea, a discapito del principio ispiratore del mercato europeo della CO₂,ovvero la scarsità delle quote,ideata per aumentare progressivamente il loro valore economico nel tempo(proiezioni di numerose stime Eua superiori ai 150-200 €/tCO₂fondate proprio sulla crescente riduzione dell’offerta disponibile).
La nuova proposta della Commissione sembrerebbe, viceversa, introdurre un elemento di maggiore gradualità;l’obiettivo climatico rimane immutato, modificando, tuttavia, la velocità con cui l’Europa intende perseguirlo.
Sotto il profilo economico finanziario, la lettura appare relativamente intuitiva, maggiore tempo per la transizione industriale equivale a minore pressione sulla scarsità delle quote;favorendo,
inevitabilmente, un mercato della CO₂ potenzialmente meno aggressivo nelle proprie dinamiche rialziste di lungo periodo.
In attesa che la riforma sia in grado di strutturalmente esercitare una pressione ribassista sulle prospettive future delle Eua, il mercato continua a salire, distratto da fattori estranei alle modifiche normative appena proposte.

Carbon Compliance Club

 

The market and the legislator now appear to be looking towards two different horizons: the former is focused on the coming months, while the latter is redesigning the next decade.

The price of EU Allowances continues, undisturbed, along its upward trajectory, driven by the usual short-term dynamics: natural gas prices, summer electricity demand, availability of the French nuclear fleet and geopolitical tensions.

Meanwhile, Europe has presented what could become the most significant reform of the carbon market in recent years.

The European Commission’s proposal to revise the EU ETS does not, in fact, produce any immediate effects.

The lengthy legislative process will have to pass through the European Parliament and the Council, both of which may significantly amend its provisions.

Final approval is therefore unlikely before 2027, while many of its practical effects would only become visible after 2030.

An extension of free allocation until 2038, a less aggressive reduction of the emissions cap and greater financial resources for industrial decarbonisation would bring European industrial competitiveness back to the centre of the debate.

Yet this greater flexibility inevitably interacts with the principle upon which the European carbon market was originally built: scarcity.

The progressive reduction in the number of allowances available to the market was precisely intended to increase their economic value over time. Indeed, numerous long-term projections placing EUA prices above €150–200/tCO₂ have historically relied, among other assumptions, on an increasingly constrained supply of allowances.

The Commission’s new proposal would instead appear to introduce an element of greater gradualism.

The climate objective remains unchanged; what changes is potentially the speed at which Europe intends to pursue it.

From an economic and financial perspective, the interpretation is relatively intuitive: more time for industrial transition may translate into less pressure on allowance scarcity, potentially resulting in a carbon market that is less aggressive in its long-term upward dynamics.

However, regulatory reform moves slowly. Markets do not.

While waiting for the proposed reform to exert any structural downward pressure on long-term EUA expectations, carbon prices continue to rise, driven by factors largely unrelated to the regulatory changes now under discussion.

The legislator is rewriting the horizon.
For the moment, the market is still trading the present

 

 

El mercado y el legislador parecen observar hoy dos horizontes diferentes: el primero mira a los próximos meses, mientras que el segundo está rediseñando la próxima década.

El precio de los derechos EUA continúa, imperturbable, su trayectoria alcista, impulsado por las habituales dinámicas de corto plazo: los precios del gas natural, la demanda eléctrica estival, la disponibilidad del parque nuclear francés y las tensiones geopolíticas.

Mientras tanto, Europa ha presentado la que podría convertirse en la reforma más importante del mercado del carbono de los últimos años.

La propuesta de la Comisión Europea para revisar el EU ETS no produce, en realidad, efectos inmediatos.

El largo proceso legislativo deberá pasar por el Parlamento Europeo y el Consejo, que podrán modificar incluso de manera significativa sus disposiciones.

Por tanto, difícilmente podrá alcanzarse una aprobación definitiva antes de 2027, mientras que gran parte de sus efectos concretos solo comenzarían a manifestarse después de 2030.

La prolongación de la asignación gratuita hasta 2038, una reducción menos agresiva del límite de emisiones y mayores recursos económicos destinados a la descarbonización industrial devolverían la competitividad de la industria europea al centro del debate.

Sin embargo, esta mayor flexibilidad interactúa inevitablemente con el principio sobre el que se construyó originalmente el mercado europeo del carbono: la escasez.

La reducción progresiva del número de derechos disponibles en el mercado fue concebida precisamente para incrementar su valor económico con el paso del tiempo. De hecho, numerosas proyecciones de largo plazo que sitúan el precio de los EUA por encima de 150–200 €/tCO₂ se han basado, entre otros factores, en una oferta progresivamente más limitada de derechos.

La nueva propuesta de la Comisión parecería introducir, por el contrario, un elemento de mayor gradualidad.

El objetivo climático permanece inalterado; lo que potencialmente cambia es la velocidad con la que Europa pretende alcanzarlo.

Desde una perspectiva económica y financiera, la interpretación resulta relativamente intuitiva: más tiempo para llevar a cabo la transición industrial puede traducirse en una menor presión sobre la escasez de derechos, favoreciendo potencialmente un mercado del carbono menos agresivo en sus dinámicas alcistas de largo plazo.

Sin embargo, la regulación avanza lentamente. Los mercados no.

Mientras se espera que la reforma propuesta pueda ejercer una presión estructural a la baja sobre las expectativas de largo plazo de los EUA, el mercado continúa subiendo, impulsado por factores en gran medida ajenos a las modificaciones regulatorias actualmente en discusión.

El legislador está reescribiendo el horizonte.
Por ahora, el mercado continúa negociando el presente.